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Un museo suizo permite el ingreso en traje de baño para ver a Cézanne
La Fondation Beyeler ofreció entrada gratuita a los visitantes que acudieron en bañador para ver una muestra de Paul Cézanne. La iniciativa busca eliminar la distancia entre el espectador y las obras.
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La Fondation Beyeler, ubicada en las afueras de Basilea, Suiza, permitió el viernes el ingreso gratuito a los visitantes que acudieron en traje de baño para recorrer una exposición del pintor francés Paul Cézanne. La iniciativa, denominada "Día de los Bañistas", buscó integrar al público con las obras del artista posimpresionista que retratan figuras desnudas en entornos naturales.
Los asistentes recorrieron las salas del museo vestidos con bikinis, bañadores y, en algunos casos, gorros de natación. El museo habilitó vestuarios para quienes optaron por cambiarse al llegar. Quienes participaron de la propuesta evitaron el pago de la entrada habitual de 25 francos suizos, equivalentes a unos 32 dólares.
Julien Rondez, un diseñador gráfico de 34 años, calificó la idea como atrevida. Según Rondez, los visitantes se convirtieron en una extensión de la muestra. "Es divertido", señaló el diseñador, quien comparó la experiencia con un día de piscina debido a las altas temperaturas registradas en la región. Al principio, caminar por las salas fue difícil porque solo una minoría participaba, pero luego se generó un ambiente de juego con el concepto de la exhibición.
Un diálogo entre el arte y el cuerpo
El proyecto fue diseñado por el artista italiano Maurizio Cattelan. De acuerdo con un comunicado de la institución, la intervención pretende trasladar al presente la visión de Cézanne sobre el cuerpo humano y la naturaleza. El museo afirmó que el entorno inusual busca disolver la distancia entre la obra y el espectador a través del humor y la libertad, cambiando la percepción tradicional de una galería de arte.
Las pinturas de Cézanne, fallecido en 1906, se caracterizan por entrelazar cuerpos y paisajes de manera orgánica. Ana Lopes, una arquitecta portuguesa que reside en Basilea, explicó que vestir traje de baño permite una conexión similar a la que el pintor buscaba capturar. "Vestirse con traje de baño es parecido, porque estás casi desnudo", dijo Lopes mientras observaba las piezas de la serie Bañistas.
Marc Schmidlin, un paisajista que viajó 150 kilómetros para asistir, destacó la oportunidad de participar en un evento especial y acceder al museo sin costo. Por su parte, Lionnel, un empleado de recursos humanos de 53 años, admitió que la presencia de otros visitantes en ropa de baño podía resultar distractora para la concentración, aunque valoró la complicidad y las sonrisas entre quienes se sumaron a la propuesta.
La jornada concluyó con visitantes descansando en los jardines del museo, cerca de los estanques de nenúfares. Lukas Rupt, ingeniero ambiental de 26 años, señaló que la propuesta es una forma inteligente de romper los códigos tradicionales de los espacios artísticos. Según Rupt, este tipo de intervenciones obligan al público a salir de su zona de confort y proponen una relación distinta con el arte clásico.





