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La importancia del ejercicio muscular para prevenir el deterioro óseo tras los 40
La farmacéutica Marián García explica la relación entre la masa muscular y la regeneración de los huesos. El proceso de pérdida de densidad ósea se acelera en las mujeres por cambios hormonales.
La farmacéutica española Marián García, conocida como Boticaria García, advirtió el domingo sobre la necesidad de mantener una musculatura activa para garantizar la salud del sistema óseo, especialmente a partir de los 40 años. Durante una intervención en la radio pública de España, la experta señaló que el hueso no es una estructura pasiva, sino un tejido vivo que responde directamente a los estímulos mecánicos generados por el ejercicio físico.
García explicó que el sistema óseo funciona en estrecha relación con los músculos y que es un error considerarlos como compartimentos estancos. Según la especialista, cada contracción muscular genera una tensión mecánica que se transmite al hueso. Este proceso actúa como una señal biológica que estimula la regeneración del tejido. Cuando esta señal desaparece debido al sedentarismo o la pérdida de masa muscular, el organismo interpreta que la densidad ósea ya no es necesaria, lo que deriva en un debilitamiento de la estructura.
El desequilibrio biológico a partir de los 40 años
El proceso de regeneración ósea experimenta un cambio crítico al llegar a la cuarta década de vida. García detalló que en este periodo el equilibrio entre la formación y la destrucción de tejido tiende a romperse. Este fenómeno afecta con mayor intensidad a las mujeres debido a la fluctuación de los estrógenos, hormonas que la farmacéutica describió como las "jefas de obra" del esqueleto, ya que regulan el balance entre la construcción y la demolición del hueso.
En el organismo conviven dos tipos de células fundamentales para este proceso: los osteoclastos y los osteoblastos. Los primeros se encargan de la eliminación del tejido viejo o dañado, mientras que los segundos son responsables de generar hueso nuevo. Con la disminución de los niveles de estrógenos, los osteoclastos aumentan su actividad destructiva y los osteoblastos reducen su ritmo de trabajo. Esta asincronía provoca que la pérdida de tejido sea más rápida que su reconstrucción, elevando el riesgo de padecer enfermedades como la osteoporosis.
Para mitigar estos efectos, la experta recomendó abandonar la concepción del hueso como una estructura inerte similar a un ladrillo o una estantería. La salud ósea depende directamente de la calidad del músculo que lo rodea. García subrayó que los ejercicios de impacto y el fortalecimiento muscular son herramientas esenciales para enviar las señales biológicas necesarias al esqueleto y mantener su densidad.
Nutrición y estímulos mecánicos
Además de la actividad física, la farmacéutica destacó que la ingesta adecuada de proteínas es un factor determinante para el mantenimiento de este sistema. El hueso requiere de nutrientes específicos para sostener su metabolismo activo, pero estos solo se aprovechan de manera óptima si existe un estímulo mecánico previo. Sin el trabajo del músculo, el hueso pierde su capacidad de respuesta y comienza un proceso de degradación que es difícil de revertir en edades avanzadas.
García concluyó que el objetivo debe ser mejorar el presente y el futuro de la estructura ósea mediante el trabajo constante. La prevención debe iniciarse antes de que los síntomas de debilidad sean evidentes, priorizando rutinas que desafíen la resistencia muscular para asegurar que las señales de construcción celular se mantengan activas durante la madurez.





