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Incendios forestales y sequía extrema golpean el sureste de Estados Unidos
Una temporada de incendios sin precedentes afecta a Georgia y Florida, impulsada por una sequía severa y restos de huracanes previos.
Puntos clave de la noticia:
- La policía utilizó agentes químicos para dispersar a sectores de la COB y el magisterio en el centro paceño.
- Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
- El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.
El sureste de Estados Unidos enfrenta una de las temporadas de incendios forestales más agresivas de su historia reciente, con Georgia y Florida como los estados más afectados por una sequía extrema. En Georgia, las autoridades han registrado 4.813 incendios en lo que va del año, una cifra que supera en casi 2.000 incidentes el promedio anual de la región, según datos de la Comisión Forestal estatal.
La magnitud de la emergencia ha consumido más de 20.200 hectáreas y destruido un centenar de viviendas en el sur de Georgia. Thomas Barrett, jefe de protección forestal de la Comisión Forestal de Georgia, señaló que la temporada aún tiene un mes y medio de vigencia, lo que mantiene en alerta a los equipos de primera respuesta ante la persistencia de condiciones climáticas adversas.
Factores de riesgo y el impacto del cambio climático
El fenómeno no se limita a un solo estado. Carolina del Sur también ha sobrepasado sus niveles habituales de siniestros, mientras que en Florida un incendio en los Everglades calcinó 4.400 hectáreas, provocando alertas por la degradación de la calidad del aire. De acuerdo con el Centro Nacional Interagencial de Incendios (NIFC), la franja que abarca desde Texas hasta Virginia concentró casi la mitad de los incendios forestales registrados en Estados Unidos durante el último año.
Expertos atribuyen esta intensidad al cambio climático, que genera periodos de calor extremo y sequías más prolongadas. En algunas zonas del sur estadounidense, las precipitaciones han sido 30 centímetros inferiores a la media en el último semestre. Esta falta de humedad ha impedido realizar quemas controladas, una técnica preventiva esencial para reducir el material combustible en los bosques.
A este escenario se suma el impacto del huracán Helene en 2024. Los millones de árboles derribados por la tormenta se han secado, convirtiéndose en una reserva de combustible que facilita la propagación de las llamas y dificulta el acceso de los bomberos a las zonas críticas. "Cuando se producen incendios forestales, se tarda más en extinguirlos y se necesitan más recursos", explicó Barrett.
Perspectivas y riesgos para la población
La región sureste de Estados Unidos posee una de las interfaces urbano-silvestres más densas del país. El crecimiento poblacional en áreas propensas a quemarse aumenta la vulnerabilidad de las comunidades. Victoria Donovan, profesora de gestión forestal en la Universidad de Florida, advirtió que la presencia de más personas en estas zonas eleva el potencial de incendios costosos y devastadores.
Aunque se espera el inicio de la temporada de lluvias a mediados de mayo, los pronósticos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) sugieren que la sequía persistirá en amplias zonas del sureste al menos hasta julio. La formación de sistemas de alta presión cerca de la costa podría mantener temperaturas elevadas, agravando la evaporación de los suelos ya secos.
Para Bolivia, este escenario en el hemisferio norte sirve como un indicador de los patrones climáticos extremos que afectan al continente. La recurrencia de incendios de sexta generación y sequías prolongadas en regiones tradicionalmente húmedas subraya la necesidad de fortalecer los sistemas de gestión de riesgos ante la crisis climática global.





