Política
La muerte de René Barrientos: el accidente que alteró el orden constitucional
El fallecimiento del presidente Barrientos en un accidente de helicóptero en Arque desató una crisis de sucesión y tensiones militares en 1969.
El presidente boliviano René Barrientos Ortuño falleció el domingo 27 de abril de 1969 tras accidentarse el helicóptero en el que viajaba en la localidad de Arque, Cochabamba. El siniestro, ocurrido tras una concentración campesina, provocó una inmediata crisis de incertidumbre política y movilizó a las autoridades departamentales para contener posibles desbordes sociales y asegurar la sucesión constitucional en el país.
El accidente se produjo cuando las aspas de la aeronave se enredaron con cables de alta tensión al despegar desde el lecho de un río, lo que provocó que el aparato se precipitara a tierra y se incendiara. Junto al mandatario fallecieron su edecán y el piloto. La noticia, transmitida inicialmente por telégrafo desde Tacopaya, generó una reacción en cadena en la Prefectura de Cochabamba, donde el secretario general, Roberto Rivero d’Arlach, debió asumir el mando ante la ausencia temporal del prefecto Guido Humérez.
Tensiones por el control del orden público
Tras confirmarse el deceso, las autoridades locales enfrentaron reportes sobre movimientos militares irregulares. Según informes de seguridad de la época, el general Alfredo Ovando Candia, entonces comandante del Ejército, habría instruido a sus efectivos en Cochabamba tomar la Prefectura bajo el argumento de resguardar el orden. Esta situación planteó un desafío directo a la sucesión legal, que correspondía al vicepresidente Adolfo Siles Salinas.
Ante la presencia de grupos civiles en las inmediaciones de la plaza 14 de Septiembre y el riesgo de un quiebre institucional, la administración departamental ordenó el acuartelamiento de la guardia policial y simuló una actividad administrativa plena para disuadir intentos de toma del edificio público. "El doctor Siles Salinas tendría que tomar las disposiciones y recaudos que considerara necesarios para resguardar el orden", señaló Rivero d’Arlach en aquel momento, priorizando la vía constitucional frente a las pretensiones militares.
Operativo de traslado y exequias
Para evitar el secuestro de los restos mortales por parte de sectores exaltados o facciones políticas, las autoridades diseñaron un operativo de seguridad que desvió el transporte de los cuerpos. En lugar de ingresar directamente a la estación de trenes de la ciudad, el autocarril fúnebre se detuvo en Colcapirhua, desde donde los féretros fueron trasladados por tierra bajo custodia de la Séptima División del Ejército.
Cerca de las 20:30, la comitiva fúnebre ingresó a la plaza principal en medio de una multitud de seguidores del mandatario, caracterizado por su fuerte vínculo con el sector campesino. Los restos fueron depositados en la Catedral Metropolitana, donde se ofició la primera misa de difuntos bajo estrictas medidas de seguridad para evitar que el gentío rebasara los ingresos del templo.
Hacia la medianoche, se confirmó que Adolfo Siles Salinas había asumido formalmente la presidencia de la República en La Paz. El nuevo mandatario inició de inmediato las gestiones para las honras fúnebres nacionales, mientras el país asimilaba la desaparición de uno de los caudillos más influyentes del siglo XX, cuya muerte cerró un ciclo político marcado por el pacto militar-campesino.





