Un reciente peritaje forense ha detectado rastros de sangre humana en las instalaciones del aeródromo de Coloradillo, un enclave estratégico donde se presume que la organización liderada por el narcotraficante Sebastián Marset desarrolló actividades ilícitas. Los hallazgos, integrados en un informe del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF), aportan evidencia física a una investigación que busca esclarecer la desaparición de un abogado y las operaciones de ejecución extraoficial dentro de este recinto.
El documento técnico detalla el análisis de diversas muestras biológicas recolectadas en el sitio. De acuerdo con las conclusiones forenses, las manchas halladas en muestras de tierra y en calzados confiscados no solo corresponden a sangre, sino que se ha confirmado su origen humano. Estos indicios coinciden con la ubicación geográfica y la temporalidad de un video que circuló meses atrás, en el cual se observaba la ejecución de un hombre en la misma pista aérea.
Vínculos con desapariciones y crímenes violentos
La principal hipótesis de los investigadores sugiere que los restos hemáticos pertenecen a un jurista reportado como desaparecido en septiembre. Según los registros del cuaderno de investigaciones, el incidente estaría motivado por una deuda económica de 340.000 dólares. La evidencia recolectada incluye también restos de plástico que, se presume, pertenecen a la silla utilizada durante el acto violento registrado en video.
El material audiovisual, cuyas coordenadas de creación permitieron localizar el aeródromo, muestra a individuos armados disparando contra una víctima inmovilizada. Aunque la defensa de los implicados sostiene que las grabaciones fueron recibidas de forma externa, el análisis de los metadatos del archivo contradice esta versión, situando la creación del contenido en el lugar y momento de los hechos.
Deficiencias en la custodia estatal
El caso ha puesto bajo escrutinio la eficacia de las autoridades en la administración de bienes incautados. A pesar de que el aeródromo de Coloradillo y siete aeronaves debían estar bajo custodia oficial tras los primeros operativos, se descubrió que la infraestructura continuó operando bajo el control de la organización de Marset durante al menos cinco meses adicionales.
Este hallazgo se suma a los reportes de incidentes previos, donde efectivos policiales fueron repelidos por caravanas de vehículos blindados y personal fuertemente armado en las inmediaciones de la pista. La persistencia de operaciones criminales en un recinto supuestamente intervenido plantea interrogantes sobre la penetración de estas redes en las estructuras de vigilancia y la logística que permite a estos grupos mantener el control territorial frente a las fuerzas del orden.