Sociedad
La religión se convierte en el principal refugio ante el abandono estatal
Especialistas analizan cómo la fe llena los vacíos de salud mental y apoyo familiar en los penales. Advierten que el liderazgo religioso también genera estructuras de poder y privilegios.
Puntos clave de la noticia:
- La policía utilizó agentes químicos para dispersar a sectores de la COB y el magisterio en el centro paceño.
- Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
- El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.
La fe se ha consolidado como uno de los pocos refugios para miles de personas privadas de libertad en nuestro país. En un contexto marcado por el hacinamiento y la precariedad institucional, especialistas coinciden en que la religión cumple una función crítica de contención emocional, aunque advierten que estos espacios también pueden ser utilizados para la manipulación y la obtención de privilegios dentro de las cárceles.
El criminólogo y exdirector de Régimen Penitenciario, Ramiro Llanos, sostuvo que la religión representa el último recurso de reconstrucción humana para quienes han sido despojados de su dignidad por el sistema judicial. Según Llanos, gran parte de la población penitenciaria en Bolivia llega a los recintos tras experimentar extorsiones y abandono afectivo. "El ser humano, en su debilidad, busca un ser superior en quien refugiarse. En la cárcel esto se vuelve más intenso porque muchos internos sienten que ya no tienen a nadie", explicó.
Impacto en la conducta y la reincidencia
Para Llanos, la experiencia espiritual no es solo una herramienta de rehabilitación, sino un proceso integral que impulsa cambios profundos, como el abandono del consumo de sustancias y la reconstrucción de vínculos familiares. El especialista afirmó que en los centros penitenciarios con fuerte presencia religiosa, ya sea católica o evangélica, los índices de reincidencia tienden a ser menores.
Sin embargo, el experto lamentó que el trabajo pastoral en nuestras cárceles haya enfrentado mayores restricciones recientemente. Según su criterio, la reducción de credenciales para líderes religiosos y el cierre de espacios destinados a iglesias han debilitado una labor que considera fundamental para la convivencia interna.
Riesgos de manipulación y poder
Desde una perspectiva más cautelosa, la psicóloga penitenciaria Tania Viscafé advirtió que, si bien la religión es un factor de resiliencia, también funciona como un instrumento de control. Viscafé señaló que las iglesias suelen proveer alimentos, ropa y mejoras en la infraestructura que el Estado no garantiza, lo que genera dinámicas de dependencia.
"Muchos privados de libertad encuentran en las iglesias el único espacio donde alguien los escucha", afirmó Viscafé. No obstante, precisó que la participación activa en cultos puede estar motivada por el acceso a beneficios materiales o por la necesidad de sumar méritos ante los consejos disciplinarios para reducir condenas.
Esta situación ha permitido que ciertos internos adquieran un estatus de poder al administrar donaciones y coordinar actividades externas. "Hay internos que logran empoderarse a través de la religión. El cargo religioso les otorga privilegios que otros no tienen", señaló la psicóloga, quien también alertó sobre el riesgo de que perfiles con rasgos antisociales utilicen el carisma religioso para manipular a otros o encubrir actividades ilícitas.
Ambos especialistas coincidieron en que la presencia de las iglesias en los penales de Bolivia ocupa hoy un vacío dejado por la falta de programas estatales efectivos de salud mental y reinserción social. Ante la ausencia de un acompañamiento psicológico formal, las organizaciones religiosas se han convertido en los actores clave para gestionar la crisis emocional que atraviesa la población carcelaria en el país.





