Cocina
Masaco de Plátano con Queso: Un Tesoro del Oriente Boliviano
El masaco es una de las preparaciones más emblemáticas y queridas de las tierras bajas de Bolivia, abarcando los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando. Esta receta representa la esencia de la hospitalidad oriental, siendo el acompañamiento predilecto para el café de la tarde o un desayuno sustancioso que brinda energía para la jornada.
A diferencia de otros bocados, el masaco destaca por su técnica de majado rústico, donde el equilibrio entre el dulzor del plátano y la salinidad del queso criollo crea una experiencia palatal única. A continuación, se detalla la forma tradicional de preparar este clásico del oriente.
Ingredientes
• 4 plátanos maduros grandes (o verdes, según la preferencia de textura)
• 300 g de queso criollo con sal (preferiblemente tipo San Javier o similar)
• 2 cucharadas de manteca de cerdo o aceite vegetal
• Sal a gusto (solo si el queso no es suficientemente salado)
Preparación
Se inicia pelando los plátanos y cortándolos en trozos medianos. En una sartén con abundante aceite o manteca caliente, se fríen los plátanos hasta que alcancen un color dorado profundo y estén perfectamente cocidos y suaves en su centro. Una vez listos, se retiran del fuego y se trasladan de inmediato a un tacú (mortero de madera tradicional) o, en su defecto, a un recipiente amplio y resistente.
Mientras los plátanos conservan su calor, se procede a majarlos con fuerza utilizando un mazo de madera o un prensador. Durante este proceso, se incorpora la manteca de cerdo para otorgar suavidad y un brillo característico a la masa. Posteriormente, se agrega el queso criollo desmenuzado. El calor residual del plátano permitirá que el queso se suavice sin llegar a fundirse por completo, manteniendo su presencia física en la mezcla. El secreto de un buen masaco reside en un majado rústico que permita encontrar trozos enteros de queso y plátano en cada bocado. Se sirve caliente y se disfruta tradicionalmente con una taza de café recién destilado.
Consejo
Si se prefiere una versión con mayor contraste de texturas, se puede optar por utilizar plátanos verdes. En este caso, el resultado será un masaco más firme y menos dulce, ideal para quienes buscan un sabor más neutro y crocante.
A diferencia de otros bocados, el masaco destaca por su técnica de majado rústico, donde el equilibrio entre el dulzor del plátano y la salinidad del queso criollo crea una experiencia palatal única. A continuación, se detalla la forma tradicional de preparar este clásico del oriente.
MASACO DE PLÁTANO CON QUESO
Ingredientes
• 4 plátanos maduros grandes (o verdes, según la preferencia de textura)
• 300 g de queso criollo con sal (preferiblemente tipo San Javier o similar)
• 2 cucharadas de manteca de cerdo o aceite vegetal
• Sal a gusto (solo si el queso no es suficientemente salado)
Preparación
Se inicia pelando los plátanos y cortándolos en trozos medianos. En una sartén con abundante aceite o manteca caliente, se fríen los plátanos hasta que alcancen un color dorado profundo y estén perfectamente cocidos y suaves en su centro. Una vez listos, se retiran del fuego y se trasladan de inmediato a un tacú (mortero de madera tradicional) o, en su defecto, a un recipiente amplio y resistente.
Mientras los plátanos conservan su calor, se procede a majarlos con fuerza utilizando un mazo de madera o un prensador. Durante este proceso, se incorpora la manteca de cerdo para otorgar suavidad y un brillo característico a la masa. Posteriormente, se agrega el queso criollo desmenuzado. El calor residual del plátano permitirá que el queso se suavice sin llegar a fundirse por completo, manteniendo su presencia física en la mezcla. El secreto de un buen masaco reside en un majado rústico que permita encontrar trozos enteros de queso y plátano en cada bocado. Se sirve caliente y se disfruta tradicionalmente con una taza de café recién destilado.
Consejo
Si se prefiere una versión con mayor contraste de texturas, se puede optar por utilizar plátanos verdes. En este caso, el resultado será un masaco más firme y menos dulce, ideal para quienes buscan un sabor más neutro y crocante.





