El presidente de Paraguay, Santiago Peña, ha consolidado su posición como uno de los aliados más estrechos de Estados Unidos en América Latina al expresar un respaldo explícito a la revitalización de la Doctrina Monroe. Durante una reciente visita a Washington, tras un encuentro con el secretario de Estado, Marco Rubio, el mandatario paraguayo sostuvo que la política de influencia estadounidense en el hemisferio representa una oportunidad para fortalecer los vínculos regionales en un escenario global complejo.
Peña matizó que la aplicación contemporánea de esta histórica doctrina difiere significativamente de sus orígenes en el siglo XIX. Según el mandatario, la relación actual no debe interpretarse como un intento de colonización, sino como una alianza sólida entre naciones soberanas que comparten intereses estratégicos. Esta postura refuerza el papel de Paraguay como un enclave de influencia pro-occidental en el Cono Sur, marcando un contraste con otros gobiernos de la región.
Seguridad y crisis regional
El apoyo de Peña a la agenda de la administración de Donald Trump trasciende lo diplomático y se adentra en el terreno de la seguridad continental. El mandatario calificó como necesaria la operación militar dirigida a la captura del líder venezolano Nicolás Maduro, argumentando que la destitución de regímenes autoritarios es, en ocasiones, el único camino para restaurar la democracia cuando las vías electorales han fracasado.
Al trazar un paralelismo con la historia paraguaya tras la caída de la dictadura en 1989, Peña advirtió que la reconstrucción institucional de Venezuela no será inmediata. Según sus proyecciones, el proceso de transición democrática podría extenderse por varios años, subrayando la complejidad de desarticular estructuras de poder profundamente arraigadas.
El factor Taiwán y la proyección económica
En el ámbito de las relaciones internacionales, Paraguay mantiene su histórica fidelidad diplomática hacia Taiwán, siendo el único país de Sudamérica que no ha cedido a la presión comercial de China continental. Esta decisión, aunque ha generado un déficit comercial significativo con Beijing, es considerada por Peña como un pilar innegociable de su política exterior, alineada con los valores de Washington y su lucha contra el crimen organizado.
En el plano interno, el gobierno paraguayo exhibe indicadores económicos robustos que han captado la atención de los mercados internacionales. Con el reciente logro del grado de inversión otorgado por calificadoras como S&P y Moody’s, el país se prepara para una nueva emisión de bonos globales. Las proyecciones oficiales estiman un crecimiento económico sostenido de entre el 6% y el 7% para la próxima década, impulsado por una gestión fiscal rigurosa y la expansión de los sectores de servicios, manufactura y construcción.