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Protocolos de limpieza rigurosos reducen el riesgo de contagio por hantavirus

Las autoridades sanitarias recomiendan protocolos específicos de ventilación y desinfección húmeda para evitar la inhalación del virus. El uso de protección personal y la eliminación de residuos son claves para prevenir la enfermedad.

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Limpiar es esencial para evitar el contagio
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Puntos clave de la noticia:

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  • Los manifestantes detonaron cachorros de dinamita en su intento de ingresar a la plaza Murillo.
  • El conflicto se enmarca en el segundo día de paro general exigiendo un aumento salarial.

Las autoridades sanitarias internacionales advirtieron sobre los riesgos de contagio de hantavirus durante la limpieza de espacios cerrados, una enfermedad viral grave transmitida por el contacto con excrementos, orina o saliva de roedores infectados. El protocolo de prevención se centra en evitar la inhalación de partículas contaminadas, un riesgo que aumenta al barrer o aspirar lugares que han permanecido sin ventilación por periodos prolongados.

El hantavirus es una afección poco frecuente pero con una alta tasa de letalidad. El virus puede sobrevivir hasta 24 horas en ambientes cerrados y aproximadamente dos horas al aire libre, dependiendo de las condiciones climáticas. El mayor peligro ocurre en trasteros, cabañas o almacenes donde los roedores han anidado. Al mover objetos o limpiar superficies secas, las partículas virales se suspenden en el aire y entran al sistema respiratorio humano.

La primera medida de seguridad antes de ingresar a un recinto sospechoso es la ventilación mecánica o natural. Los expertos recomiendan abrir puertas y ventanas durante al menos 30 minutos antes de permanecer en el interior. Este procedimiento reduce la concentración de aerosoles que podrían contener el patógeno. Durante este tiempo, ninguna persona debe permanecer dentro del lugar.

El equipo de protección personal es el segundo pilar de la prevención. El uso de guantes de goma o nitrilo, mascarillas de alta eficiencia, botas y protección ocular es obligatorio para reducir el contacto directo. Estas barreras físicas impiden que el virus alcance las mucosas o heridas abiertas en la piel durante la manipulación de materiales contaminados.

Protocolos de desinfección y limpieza húmeda

El error más crítico en la higiene de estos espacios es barrer o aspirar en seco. Estas acciones dispersan el polvo infectado y facilitan la inhalación del virus. En su lugar, las superficies que presenten rastros de orina, excrementos o nidos deben rociarse con una solución desinfectante. La mezcla recomendada consiste en diluir una parte de cloro en nueve partes de agua.

Tras aplicar la solución, es necesario dejarla actuar entre 15 y 30 minutos antes de proceder con la limpieza. Este tiempo de contacto garantiza la inactivación del virus. Una vez transcurrido el periodo, los restos deben retirarse exclusivamente con toallas de papel o paños húmedos. El uso de métodos que generen polvo está estrictamente desaconsejado por los organismos de salud pública.

Gestión de residuos y prevención permanente

La eliminación de los desechos requiere un manejo cuidadoso para evitar focos de infección secundarios. Todos los materiales utilizados, incluidos los paños y los restos de los roedores, deben colocarse en una doble bolsa plástica. Estas bolsas deben cerrarse de forma hermética antes de su disposición final en los contenedores de basura convencionales.

Al finalizar las tareas, la higiene personal es determinante. Los guantes deben desinfectarse antes de ser retirados y las manos deben lavarse con abundante agua y jabón. La ropa empleada durante la jornada de limpieza requiere un ciclo de lavado con agua caliente y detergente para eliminar cualquier rastro de material orgánico contaminado.

La prevención a largo plazo depende del control del entorno. Mantener el césped corto, almacenar la leña a una distancia mínima de la vivienda y guardar los alimentos en recipientes herméticos son medidas efectivas para reducir la presencia de roedores. Estas acciones disminuyen la probabilidad de que los animales busquen refugio en estructuras humanas, minimizando así el riesgo de exposición al virus en el futuro.

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