En una extensa conversación con el historiador Felipe Pigna, el músico español Joan Manuel Serrat analizó su profunda relación afectiva y profesional con Argentina, un vínculo que comenzó a finales de la década de 1960 y que ha marcado gran parte de su trayectoria vital. El artista, nacido en Barcelona, recordó sus primeros encuentros con la cultura rioplatense a través de la radio y cómo su llegada a Buenos Aires en 1969 transformó su percepción del mundo hispanohablante, iniciando una conexión que calificó como intensa y duradera.
Raíces musicales y el encuentro con Buenos Aires
Serrat explicó que su primer contacto con Argentina no fue familiar, sino estrictamente cultural. Según detalló el músico, en Cataluña la emigración solía dirigirse hacia Venezuela, por lo que su noción del país sudamericano provenía de figuras como Pepe Iglesias y de géneros como el tango y el folclore, que fueron fundamentales en su educación musical. Su debut en la televisión argentina se produjo en 1969, coincidiendo con la publicación de su disco sobre poemas de Antonio Machado, una obra que inicialmente enfrentó resistencias por parte de su compañía discográfica.
Durante esos años, el cantautor estableció vínculos con figuras centrales de la música argentina. Aníbal Troilo, Astor Piazzolla y Edmundo Rivero fueron algunos de los referentes con los que entabló relación. Serrat destacó especialmente la figura de Piazzolla, a quien conoció a través de su pianista Ricard Miralles, y resaltó la capacidad del bandoneonista para aplicar conocimientos académicos a la música popular. Asimismo, recordó su paso por las librerías de la calle Corrientes, donde descubrió el catálogo de la editorial Losada y el trabajo de los exiliados republicanos españoles.
Censura, exilio y el retorno a la democracia
La relación de Serrat con Argentina también estuvo atravesada por los periodos de violencia política y la dictadura militar. El músico recordó que su decisión de no visitar el país durante los años de plomo fue una postura personal basada en el conocimiento de lo que ocurría con sus amigos y colegas. Según señaló, la ola de terror instaurada en los años setenta hizo imposible su regreso hasta 1982, cuando tras el conflicto de las Malvinas y el anuncio de elecciones, comenzó a preparar su retorno.
El reencuentro con el público argentino en 1983 fue descrito por el artista como uno de los momentos más emocionantes de su vida. Serrat recordó la heterogeneidad de la audiencia y el clima de libertad que se respiraba en aquellos recitales. En ese contexto, mencionó su interpretación de temas emblemáticos y su relación con figuras como María Elena Walsh, a quien elogió por su sensibilidad y por tratar a la infancia con respeto intelectual, alejándose de visiones simplistas.
Reflexiones sobre la cultura y la sociedad actual
En el tramo final de su diálogo, Serrat reflexionó sobre el papel del Estado y el valor de la educación pública. El músico sostuvo que una sociedad que se define como democrática debe garantizar la justicia social, la sanidad y la educación como piezas fundamentales de su estructura. "La cultura es un gran poder", afirmó el cantautor, diferenciando el concepto de cultura del de conocimiento, aunque reconociendo que ambos son herramientas de emancipación que históricamente han sido controladas por las élites.
Sobre el presente, Serrat manifestó su preocupación por la desesperanza y la inseguridad laboral que percibe en la sociedad contemporánea. Señaló que el miedo a lo eventual y la retracción del Estado generan un clima de mal humor social. No obstante, concluyó con una reivindicación del acto de cantar como una forma de resistencia y expresión vital. Según el artista, el canto acompaña al ser humano en todos sus hitos fundamentales y no debe permitirse que esa capacidad sea arrebatada por prejuicios o limitaciones externas.