El incremento de las precipitaciones y la inestabilidad meteorológica, en un contexto global marcado por la crisis climática, han comenzado a reconfigurar los ciclos biológicos naturales. Este fenómeno está provocando que la temporada de alergias no solo se adelante en el calendario, sino que se manifieste con una intensidad significativamente mayor. Diversos especialistas advierten que las condiciones climáticas recientes favorecen una producción de polen más elevada y un inicio prematuro de los cuadros sintomáticos en la población sensible.
La causa de esta alteración no es un factor aislado, sino la combinación de precipitaciones abundantes seguidas de un aumento súbito de las temperaturas. Si bien la lluvia actúa inicialmente como un agente de limpieza para el aire, el exceso de humedad durante los periodos previos al calor crea el escenario ideal para el crecimiento acelerado de la vegetación. Como consecuencia, la carga polínica se dispara en cuanto los días se tornan más templados.
Un adelanto en la primavera biológica
La denominada primavera biológica se ha desplazado, iniciando sus procesos de polinización semanas antes de lo habitual. Este adelanto implica que las especies responsables de las reacciones alérgicas —como las gramíneas y diversas variedades arbóreas— comiencen a liberar partículas en periodos donde anteriormente el ambiente se mantenía neutro. Los expertos prevén que este año el pico de polen sea brusco y prolongado, extendiendo el periodo de malestar para quienes padecen rinitis o asma estacional.
Este fenómeno no solo intensifica los síntomas clásicos, como estornudos, congestión nasal y picor ocular, sino que tiene un impacto directo en la productividad y la calidad de vida. La fatiga crónica derivada de una mala calidad del descanso y la dificultad para mantener la concentración son consecuencias directas de temporadas de alergia más agresivas. Ante este panorama, se recomienda a la población vulnerable adoptar medidas preventivas con mayor antelación.
Entre las recomendaciones de los especialistas destaca la necesidad de limitar las actividades al aire libre en días de viento o inmediatamente después de las lluvias, cuando la dispersión de partículas es mayor. Asimismo, se aconseja mantener las ventanas cerradas, utilizar sistemas de climatización con filtros de alta eficiencia y consultar los niveles polínicos a través de plataformas meteorológicas. La consulta temprana con el alergólogo se vuelve fundamental para iniciar tratamientos profilácticos antes de que la sintomatología alcance su nivel crítico, mitigando así los efectos de un entorno climático cada vez más errático.