La literatura del siglo XIX enfrenta un nuevo escrutinio en la era de la inmediatez digital. La escritora estadounidense Joyce Carol Oates ha reabierto el debate sobre la recepción de los clásicos tras el anuncio de una nueva versión cinematográfica de Cumbres borrascosas, dirigida por Emerald Fennell. Oates sostiene que la crítica contemporánea suele reducir la obra de Emily Brontë a una lectura superficial, omitiendo la ambición estructural de una novela que dramatiza un arco de experiencia de varias décadas.
Para Oates, existe una distancia pedagógica y cognitiva cada vez más marcada entre la experiencia lectora actual y la que exige una obra de esta magnitud. La autora de Blonde advirtió que la asimilación de la literatura decimonónica parece haberse vuelto una tarea compleja en el siglo XXI, sugiriendo que hoy solo estudiantes con un interés profundo en las humanidades logran conectar con textos que, en décadas pasadas, formaban parte del currículo estándar de la educación secundaria. Oates lamentó que obras de autores como Dostoyevski o Thoreau sean descartadas hoy bajo el prejuicio de ser excesivamente exigentes.
Cine y la interpretación de los clásicos
La discusión también alcanzó la nueva adaptación cinematográfica protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi. Oates contrastó la posibilidad de una lectura renovadora —donde el personaje de Heathcliff sea interpretado como un heredero de piel oscura marginado por la nobleza británica— frente al enfoque que parece haber tomado la producción de Fennell. Según la escritora, la película parece inclinarse hacia un romance convencional entre personajes blancos, una decisión que, si bien puede favorecer la taquilla, carece de interés intelectual profundo.
Asimismo, la autora reflexionó sobre el impacto de las plataformas digitales en la creatividad. En una crítica directa al rol de la tecnología, afirmó que mientras las redes sociales ofrecen fascinación inmediata, a largo plazo “secan la imaginación y debilitan el alma”. Oates contrapuso el aislamiento productivo de las hermanas Brontë en su rectoría, donde la soledad impulsó la creación de universos literarios, frente a la hiperconectividad moderna que fragmenta la atención.
El legado de Ellis Bell
La historia de Cumbres borrascosas está intrínsecamente ligada a la lucha contra los prejuicios de género. Publicada originalmente en 1847 bajo el seudónimo de Ellis Bell, la novela fue parte de una estrategia de las hermanas Charlotte, Emily y Anne Brontë para evadir la discriminación que sufrían las mujeres escritoras en la época victoriana. Fue solo tras el éxito de Jane Eyre y la muerte prematura de Emily que se reveló la verdadera identidad detrás de los nombres Currer, Acton y Ellis Bell.
Charlotte Brontë relataría más tarde que la elección de nombres ambiguos respondió a una desconfianza hacia la crítica literaria, que a menudo utilizaba lo personal como arma de censura. Hoy, mientras la figura del “héroe byroniano” encarnado en Heathcliff sigue cautivando a nuevas audiencias, la advertencia de Oates permanece vigente: el riesgo de convertir una obra de pasiones oscuras y conflictos sociales en un simple romance edulcorado para el consumo masivo.