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La arquitectura del lenguaje: El desafío de encontrar las palabras precisas

En su obra más reciente, la especialista Silvana Stabielli analiza la importancia de expandir el vocabulario personal para interpretar la realidad y optimizar nuestra interacción con las nuevas tecnologías.
Silvana Stabielli dice que no hay nada que no pase, finalmente, por las palabras

La capacidad de nombrar el mundo con exactitud no es un ejercicio meramente académico; es, en esencia, una herramienta de poder y supervivencia social. Silvana Stabielli, reconocida licenciada en Letras y asesora lingüística, plantea en su reciente obra, Atlas de palabras únicas, que la construcción de un vocabulario propio permite no solo describir sensaciones y sentimientos, sino también modificar la realidad a través del discurso.

Stabielli, quien ha consolidado una presencia influyente en plataformas digitales bajo el seudónimo de Góngora, propone un texto que funciona como un artefacto de consulta y reflexión. A través de relatos precedidos por nubes de palabras, la autora invita a los lectores a identificar qué términos comprenden y cuáles ignoran, permitiendo que el lenguaje actúe como un motor de cambio en sus propias vidas. Según explica, el dominio de la palabra tiene un carácter performativo: aquello que se dice, se promete o se jura tiene la capacidad de transformar el entorno.

La precisión como ventaja competitiva

En el ámbito profesional, la diferencia entre una comunicación efectiva y una mediocre suele radicar en la especificidad. Para Stabielli, no es equivalente calificar a alguien de enojado, furioso o iracundo; cada término conlleva una carga semántica distinta que ajusta la percepción del interlocutor. "Quien tiene más palabras y se expresa mejor, tiene más oportunidades en la vida", afirma la autora, subrayando que la claridad lingüística es un activo indispensable incluso en disciplinas técnicas como la ingeniería.

La corrección lingüística, sin embargo, no debe entenderse como un ejercicio punitivo, sino como una cuestión de registro. La autora distingue entre la lengua familiar, donde las variantes regionales y los usos históricos tienen su espacio, y la lengua estándar, necesaria para la redacción formal y la comunicación institucional. El objetivo es que el hablante logre identificar en qué contexto es válida cada forma de expresión.

El lenguaje frente a la imagen y la tecnología

A pesar del predominio de la cultura visual, la palabra mantiene una supremacía fundamental al momento de interpretar los fenómenos contemporáneos. La aparición de conceptos como los microplásticos demuestra que, ante cada nuevo evento o descubrimiento, la sociedad requiere de neologismos para comprender y registrar su impacto. La imagen muestra, pero la palabra es la que permite actuar sobre lo observado.

Este papel del lenguaje cobra una relevancia crítica con el auge de la Inteligencia Artificial (IA). Contrario a la creencia de que la automatización reemplazará la necesidad de pensar, Stabielli sostiene que la eficiencia de estas herramientas depende directamente de la capacidad humana para dar instrucciones exactas. La precisión y la riqueza del lenguaje del usuario son las que garantizan resultados fidedignos y útiles.

En definitiva, el dominio de la palabra se perfila como el eje central de la modernidad. Desde la redacción de un tratado científico hasta la interacción con algoritmos avanzados, la capacidad de ser minuciosos en el decir es lo que define nuestra competencia en un mundo cada vez más complejo.

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