A las puertas de su octava década de vida, Liza Minnelli ha decidido confrontar su pasado con una honestidad descarnada en su esperada autobiografía, Kids, Wait Till You Hear This!. El volumen, cuya publicación está prevista para el próximo 10 de marzo, promete ser un documento histórico sobre la era dorada y las tragedias privadas de Broadway y Hollywood, narrado por una de sus figuras más resilientes.
Una infancia bajo el peso de la fama
En el relato, Minnelli describe una niñez definida por la inestabilidad y una madurez forzada. A la edad de trece años, la artista ya asumía roles que excedían su capacidad emocional, actuando como cuidadora y gestora de las crisis de su madre, Judy Garland. En sus memorias, recuerda con precisión la angustia de gestionar recetas médicas y contactar a facultativos para sostener la frágil salud de Garland, mientras su vida transcurría entre hoteles y una sucesión de 22 escuelas distintas.
El vínculo con su madre alcanzó un punto de inflexión en el histórico concierto del London Palladium. Minnelli describe aquel evento no solo como un debut musical, sino como un acto de emancipación. En el escenario, la dinámica de madre e hija se transformó en una competencia de talentos donde Liza, finalmente, dejó de ser solo la heredera para convertirse en una artista con nombre propio.
Amores complejos y revelaciones personales
El libro no elude los pasajes más dolorosos de su vida sentimental. Minnelli detalla el fin de su matrimonio con el cantante Peter Allen, revelando el momento en que descubrió la homosexualidad de su esposo. Según narra, tras un encuentro fortuito, ambos compartieron un momento de vulnerabilidad y llanto que marcó el cierre de una etapa y el inicio de una comprensión mutua sobre la identidad de Allen.
Asimismo, la obra repasa su agitada vida amorosa durante los años setenta, que incluyó vínculos con figuras como el director Martin Scorsese y el actor Desi Arnaz Jr. Minnelli reflexiona sobre su incapacidad para concretar la maternidad, calificándola como una de las tragedias personales de las que nunca ha logrado recuperarse por completo.
La herencia de la adicción y el camino a la redención
Uno de los ejes centrales del texto es la lucha contra el abuso de sustancias, un rasgo que Minnelli define como una “herencia genética” ineludible tras la muerte de Garland por sobredosis en 1969. El éxito masivo de Cabaret y su ingreso al ecosistema de Studio 54 intensificaron un ciclo de excesos que involucró benzodiacepinas, alcohol y cocaína.
La intervención de figuras cercanas fue crucial para su supervivencia. Minnelli recuerda las palabras de su amiga Elizabeth Taylor, quien en 1985 la confrontó directamente sobre la letalidad de su estilo de vida. A pesar de haber pasado por múltiples cirugías reconstructivas de cadera, rodilla y cuerdas vocales, la artista subraya que su regreso a los escenarios en 2008 fue una prueba de su fortaleza vocal y espiritual.
Hoy, Liza Minnelli asegura mantener sus afecciones bajo un estricto control médico. Con la mirada puesta en el futuro, afirma que, aunque las secuelas del dolor físico y la ansiedad persisten, ha logrado alejarse definitivamente del abismo que consumió a su progenitora.