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YPFB endurece controles de calidad y vira hacia la importación de crudo para estabilizar el mercado de carburantes

Ante las denuncias por la calidad de la gasolina y los problemas de suministro, la estatal petrolera boliviana activa un plan de contingencia que incluye estándares de importación más estrictos y el procesamiento de petróleo crudo en refinerías locales.
Foto: Internet.
En un esfuerzo por contener la creciente susceptibilidad del sector transporte y la opinión pública, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) ha puesto en marcha una estrategia multidimensional para garantizar la calidad de los combustibles en el mercado interno. La medida surge tras un periodo de inestabilidad en el suministro que, según la estatal, derivó en problemas operativos técnicos que afectaron la composición química de algunos lotes de gasolina comercializados recientemente. La administración de la petrolera estatal reconoció que la presencia de niveles elevados de gomas en ciertos baches de combustible se originó debido a los niveles críticos de almacenamiento registrados durante 2025. Al operar los tanques con cargas mínimas —en ocasiones con menos de un día de autonomía—, se generaron sedimentos y desequilibrios en el producto. Con la recuperación paulatina de los inventarios, que actualmente alcanzan una autonomía de entre siete y ocho días, YPFB busca normalizar los estándares de los carburantes mediante un riguroso esquema de fiscalización.

Un plan de cinco pilares para la calidad

Para mitigar los efectos de la crisis operativa, la Vicepresidencia Nacional de Operaciones ha delineado cinco acciones inmediatas. La primera consiste en un incremento estructural de los controles en toda la cadena de custodia, desde las plantas de origen internacional hasta la llegada de las cisternas al país. A esto se suma un programa nacional de limpieza programada de tanques de almacenaje, una tarea pendiente que se vio obstaculizada por la baja disponibilidad de producto en meses previos. Asimismo, la estatal ha decidido aplicar parámetros de importación más estrictos que la propia normativa boliviana. Por ejemplo, el límite máximo de gomas permitido por norma es de 5 miligramos por cada 100 ml, pero YPFB ha reducido su estándar de aceptación a 2 miligramos. De igual forma, se ha iniciado la incorporación de aditivos estabilizantes para prevenir la oxidación durante el transporte, una práctica estándar en mercados internacionales que Bolivia busca asimilar para modernizar sus procesos.

Sustitución de importaciones y reactivación de refinerías

El cambio más significativo en la política energética nacional se centra en la sustitución estratégica de la importación de gasolina terminada por la importación de petróleo crudo. Bajo el amparo del Decreto Supremo 5548, el Gobierno busca que las refinerías Guillermo Elder Bell y Gualberto Villarroel operen al 95% de su capacidad instalada. El objetivo final es que la producción propia logre cubrir hasta el 80% de la demanda interna de combustibles. Esta transición hacia el procesamiento local pretende reducir los costos logísticos y aprovechar la infraestructura de ductos existente, como el oleoducto Arica–Sica Sica. No obstante, analistas económicos advierten que, si bien la medida garantiza la continuidad del abastecimiento y alivia la presión inmediata sobre las divisas, también acentúa la dependencia externa de materia prima y reduce temporalmente la recaudación fiscal por concepto de impuestos a los hidrocarburos. La estatal petrolera ha reiterado su invitación a los sectores movilizados para acompañar los procesos de verificación en laboratorios, asegurando que el color del combustible —motivo de preocupación entre los usuarios— no determina su octanaje ni su eficiencia, sino que responde a tintes normativos aplicados según la zona de comercialización.

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