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Maiker Smith y la telerrealidad: reflexiones sobre la identidad y el estigma tras su eliminación

El creador de contenido analiza su salida de un popular programa de telerrealidad, abordando las etiquetas impuestas por el público y las tensiones sociales que marcaron su experiencia en el encierro.
Maiker Smith se despide de La casa de los famosos Colombia: la salida como “el mueble”, la polémica con Johanna Fadul y el apoyo clave de Leymar - crédito cortesía Internet

La eliminación de Maiker Smith de la competencia televisiva ha generado una serie de reflexiones que trascienden el mero entretenimiento. Su salida se produjo bajo una de las dinámicas más comentadas de la temporada: la etiqueta de “el mueble”, término utilizado por el público para señalar a los participantes con menor impacto en la narrativa del programa. Este hecho culminó con una puesta en escena simbólica en la que un vehículo de mudanza retiró al participante del estudio, marcando el fin de su estancia.

Tras su salida, Smith ha mantenido una postura de serenidad, describiendo la experiencia como un proceso con una fecha de caducidad que él ya había asimilado. Según sus declaraciones, su enfoque siempre estuvo alejado de la estrategia agresiva, prefiriendo aceptar el curso de los eventos bajo una convicción personal de resignación y calma. Para el creador de contenido, la ironía de haber activado él mismo los mecanismos que derivaron en su salida fue un componente que decidió tomar con humor antes que con amargura.

El debate sobre el racismo y la percepción pública

Uno de los puntos más críticos de su participación fue la tensión surgida tras un incidente relacionado con comentarios de índole racista dentro del programa. Aunque Smith no fue el blanco directo de la agresión inicial, su defensa de la identidad racial y su decisión de guardar silencio frente a las provocaciones posteriores desataron un debate en redes sociales. El participante fue tildado de “resentido” por algunos sectores tras negarse a entablar diálogos desde el enojo.

“No me sorprende, porque es habitual que cuando una persona negra alza la voz ante un acto de racismo, se le adjudique esa etiqueta”, señaló Smith, defendiendo su derecho al enojo y a la reserva emocional como una forma de autorespeto. Esta situación puso de relieve la compleja gestión de los conflictos sociales dentro de formatos diseñados para la exposición constante, donde las reacciones de las minorías suelen ser escrutadas con mayor rigor.

La vulnerabilidad en el formato de encierro

Más allá de las controversias, Smith destacó el impacto psicológico que supone la convivencia forzada. Relató que uno de los momentos más significativos fue la visita sorpresa de un allegado durante una de las dinámicas de inmovilidad, lo cual provocó una ruptura en su faceta pública de fortaleza. “Yo decía que la gente que lloraba en estos programas estaba fingiendo, hasta que me tocó a mí”, admitió, reconociendo que el aislamiento amplifica cualquier estímulo emocional.

Finalmente, Smith restó importancia a la etiqueta de inactividad que le impuso la audiencia, asegurando que dicha definición pertenece exclusivamente al juego y no a su identidad personal. Al hacer un balance, concluyó que el mayor desafío no fueron las pruebas físicas ni la competencia por el premio, sino el ejercicio de convivir con personas desconocidas en un entorno de alta presión, donde los vínculos afectivos se convierten en la única herramienta de supervivencia emocional.

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