En el pensamiento filosófico clásico, la estabilidad de una nación y la serenidad del individuo no son estados fortuitos, sino consecuencias directas de una estructura organizada. Santo Tomás de Aquino, en su obra monumental Suma Teológica, estableció una premisa que resuena con vigencia en el análisis contemporáneo: “No puede haber paz donde no hay orden”. Para el teólogo del siglo XIII, la paz trasciende la mera ausencia de hostilidades y se posiciona como un concepto técnico y ético fundamental.
La Suma Teológica, escrita entre 1265 y 1274, fue concebida originalmente como un manual para estudiantes que buscaba sintetizar el conocimiento cristiano bajo una estructura lógica rigurosa. La obra sigue un esquema circular denominado exitus-redditus, que propone que toda existencia emana de una fuente divina y tiende a retornar a ella. El texto se divide en tres partes principales que abordan desde la naturaleza de la creación hasta el movimiento del ser humano hacia la plenitud y la figura de Cristo como mediador.
La dialéctica del pensamiento tomista
Cada tema en la obra está organizado mediante un formato dialéctico estricto. Tomás de Aquino no evitaba las posturas contrarias; al contrario, cada artículo comienza con una pregunta, seguida de las objeciones más sólidas contra su propia tesis. Solo después de presentar los argumentos en contra, el autor cita fuentes autoritativas y desarrolla una refutación punto por punto. Este método garantizaba que ninguna duda quedara sin una respuesta razonada, consolidando la escolástica como el pilar del pensamiento occidental.
Diferencia entre paz y concordia
Uno de los aportes más significativos de Aquino es la distinción entre la paz y la simple concordia. Citando a San Agustín, define la paz como la “tranquilidad del orden”. Mientras que la concordia puede ser un acuerdo externo —incluso entre personas con fines ilícitos—, la paz requiere que las facultades internas del individuo y las leyes de una sociedad estén alineadas con el bien común.
Desde esta perspectiva, si los deseos internos de un ciudadano están en conflicto o si una sociedad se asienta sobre bases injustas, el orden no existe. Por lo tanto, aunque no se registre una confrontación armada, la “paz verdadera” está ausente. La paz es, en última instancia, una consecuencia: no se puede fabricar de manera directa, sino que surge naturalmente cuando se priorizan la justicia, la ética y la razón.
El impacto de la síntesis aristotélica
Tomás de Aquino (1225-1274), fraile dominico e italiano de origen, es reconocido por haber logrado la síntesis definitiva entre la fe cristiana y la razón aristotélica. En una época donde la filosofía griega era vista con recelo, el llamado “Doctor Angélico” demostró que la lógica y la observación pueden convivir con la espiritualidad, al considerar que ambas provienen de la misma fuente de verdad.
Su vasta producción bibliográfica incluye también la Suma contra Gentiles, una defensa de la fe basada en la razón natural, y el Compendio de Teología. Su legado continúa siendo la autoridad filosófica principal en diversas instituciones académicas y religiosas del país y del mundo, recordándonos que el bienestar social es inseparable de la rectitud en el ordenamiento de sus instituciones.