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De la técnica jurídica a la ficción: el tránsito literario hacia el mar y la narrativa

Un análisis sobre la transición de un profesional del derecho hacia la narrativa literaria, explorando cómo las vivencias personales y la metáfora náutica convergen en su reciente obra.
Ricardo Mihura y "Cuentos de amar y mar"

La transición de la prosa técnica del derecho hacia la libertad de la ficción representa un desafío que pocos profesionales logran sortear con éxito. Durante años, el rigor del análisis jurídico dominó el espacio creativo, postergando una vocación literaria que finalmente ha encontrado su cauce. Este proceso de metamorfosis no fue inmediato; requirió la madurez que otorgan el ejercicio profesional, la participación en proyectos colectivos y la observación del crecimiento generacional en el entorno familiar.

La culminación de este trayecto se manifiesta en Cuentos de Amar y Mar, una obra que surge del silencio y la contemplación frente a la naturaleza. El cambio de entorno y la búsqueda de una vida en contacto con los elementos fundamentales permitieron que la voz del escritor se impusiera sobre la del abogado. El autor reconoce que el aliento de su círculo más cercano fue el catalizador necesario para transformar anécdotas cotidianas en relatos estructurados que hoy buscan aportar belleza y ternura al panorama literario actual.

El origen entre la realidad y la ficción

El núcleo de esta producción literaria tuvo un inicio accidentado. Tras un incidente de navegación en el Caribe, donde un catamarán encalló en un arrecife, la necesidad de redactar un informe técnico para una compañía de seguros se transformó en algo más profundo. Al tomar la computadora, el relato comenzó a desviarse inevitablemente hacia la ficción. Lo que en la realidad fue una experiencia de supervivencia y humillación, en el papel adquirió un sentido extraordinario, permitiendo que los hechos triviales proyectaran reflejos inusitados bajo una nueva luz narrativa.

El autor enfatiza que su obra no debe leerse como una crónica, sino como una distorsión encantada de la realidad. En este juego literario, la participación de su entorno ha sido fundamental, especialmente la de su esposa, quien asumió el rol de primera lectora y crítica exigente. A pesar de haber llegado a la navegación y a la escritura de manera tardía, esa mirada externa a los tecnicismos náuticos le ha permitido desarrollar un estilo propio, alejado de la rigidez de los expertos.

El proceso editorial y la metáfora náutica

La construcción del libro no estuvo exenta de un riguroso proceso de pulido. Bajo la tutela de editores implacables, el manuscrito original fue sometido a una poda necesaria, eliminando recursos fáciles para alcanzar un texto más puro. El proceso creativo se extendió incluso al arte de tapa, una colaboración con su hijo que simboliza un velero navegando entre volutas que emulan los meandros de un cerebro humano, reforzando la naturaleza introspectiva de la obra.

Aunque el mar y la navegación son ejes centrales, el libro utiliza estos elementos como una metáfora de temas universales. No se trata estrictamente de aventuras náuticas, sino de una exploración sobre la evolución humana. Según críticos que han seguido el proceso, existe una progresión palpable tanto en el navegante como en el escritor a lo largo de las páginas, sugiriendo que la escritura, al igual que la vida, es una travesía en constante desarrollo.

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