Dos días antes de que su pareja le comunicara su intención de separarse, el escritor Manuel Vilas y su esposa adquirieron boletos para un crucero con destino a Islandia. Aquel viaje, lejos de ser una travesía de esparcimiento, terminó transformándose en la crónica de una despedida plasmada en las páginas de Islandia, una novela autobiográfica de “alto riesgo” que el autor admite hubiera preferido no tener que escribir.
Para Vilas, el crucero simboliza el tránsito complejo del amor de pareja hacia la amistad, una evolución que considera no solo posible, sino necesaria. Bajo su óptica, las rupturas conflictivas representan un arcaísmo emocional. “Echarse los trastos a la cabeza es muy antiguo y muy del subdesarrollo emocional”, sostiene el autor, enfatizando la importancia de una transición madura entre ambos estados afectivos.
La fractura de la memoria
El origen del relato se sitúa en una llamada telefónica. Mientras Vilas se encontraba en un hotel, su esposa le comunicó la frase que alteraría su realidad: “Ya no estoy enamorada de ti”. Este evento desencadenó lo que el escritor describe como una partida de tenis con una pelota incandescente, dando paso a una exploración profunda sobre el colapso interno, el miedo a la soledad y la posterior idealización de la figura amada.
La narrativa de Islandia se sumerge en una dimensión proustiana, donde el rescate de la memoria personal busca responder si el presente podrá diluir el amor que existió en el pasado. Vilas rechaza términos como “divorcio” o “ruptura”, inclinándose por la sobriedad del “adiós”, un concepto que, según explica, conlleva una transformación inevitable de la identidad propia.
El conflicto de las palabras
Durante la presentación de su obra, el autor reflexionó sobre la incapacidad del lenguaje para definir con precisión las relaciones sentimentales contemporáneas. Para él, etiquetas como “pareja”, “marido” o “relación romántica” resultan insuficientes. “Cuando hay dificultad para nombrar algo, quiere decir que allí hay conflicto”, señala, sugiriendo que el vacío lingüístico refleja la complejidad del vínculo humano.
La publicación de la novela ha servido también como un anuncio formal de su situación personal hacia su entorno cercano, un movimiento que Vilas califica como un “acto estético”. Aunque su exmujer ha comprendido la naturaleza del libro, ha optado por no leerlo para evitar la tentación de intervenir en la construcción literaria de una realidad que ahora pertenece al terreno de la ficción.
Consolidado como un referente de la autoficción contemporánea, Vilas recientemente depositó una serie de sus diarios íntimos, escritos entre los años 90 y 2010, en una institución cultural bajo la cláusula de que no sean abiertos hasta el año 2051. Este gesto busca preservar la memoria de un joven en el que ya no se reconoce, asegurando que su legado personal permanezca resguardado hasta que el tiempo haya diluido cualquier rastro de vanidad o arrepentimiento.