El incremento sostenido de las bajas laborales por trastornos mentales ha dejado de ser una tendencia estadística para convertirse en una crisis de salud pública y un desafío crítico para la gestión de recursos humanos. Problemas como la depresión, la ansiedad y el estrés han transitado desde la periferia de la invisibilidad hacia el centro de las preocupaciones sanitarias. Desde 2018, las incapacidades temporales vinculadas a estos cuadros han experimentado un crecimiento acelerado, consolidándose como la segunda causa principal de baja laboral a nivel internacional, un fenómeno que refleja un deterioro profundo en el bienestar emocional dentro de los entornos productivos.
Las cifras revelan una transformación drástica en la salud de la fuerza laboral. En los últimos seis años, las ausencias justificadas por ansiedad, estrés y depresión han registrado un aumento del 66%. De manera más alarmante, los indicadores señalan que los diagnósticos de ansiedad han escalado un 120%, mientras que los casos de estrés grave han repuntado un 230% en el mismo periodo. Este escenario evidencia no solo una mayor vulnerabilidad de los trabajadores, sino también una presión creciente derivada de las nuevas exigencias de los puestos de trabajo.
El impacto generacional y por sectores
El impacto de esta crisis no es uniforme. La salud mental se ha posicionado como la primera causa de baja entre los trabajadores menores de 30 años. Esta generación se enfrenta a una combinación de factores adversos que incluyen la precariedad laboral, la incertidumbre económica y una dificultad estructural para conciliar la vida personal con las obligaciones profesionales.
Por sectores, la incidencia es particularmente aguda en el comercio, la hostelería, los servicios sanitarios y la administración pública. Estos ámbitos comparten una característica común: la exposición constante a la atención al público o una sobrecarga asistencial que erosiona sistemáticamente la resistencia emocional del personal.
Perspectiva de género y duración de las bajas
En términos de temporalidad, los trastornos mentales representan la segunda causa de baja con mayor número de días acumulados. La depresión destaca como el motivo más recurrente en las incapacidades que superan las dos semanas, con una duración media de 168 días por cada episodio.
Asimismo, los datos históricos subrayan una brecha de género significativa. Las mujeres presentan tasas de ansiedad y depresión crónica sustancialmente superiores a las de los hombres —un 9,1% frente al 4,3%—. Esta disparidad se atribuye tanto a la doble carga que suponen las responsabilidades laborales y familiares como a la persistente inestabilidad en determinados sectores de la economía.
Hacia un cambio en la cultura organizacional
El crecimiento de estas bajas no solo afecta al individuo, sino que tiene repercusiones directas sobre la productividad, el clima organizacional y la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social. Los expertos coinciden en que el origen del problema reside, en gran medida, en los riesgos psicosociales ligados a la organización del trabajo: cargas excesivas, bajo control sobre las tareas y el síndrome de desgaste profesional o 'burnout'.
La situación actual impone la necesidad de un cambio de paradigma en la gestión de la salud en el trabajo. El enfoque debe virar hacia la prevención de riesgos y el fomento de entornos laborales que no solo busquen la eficiencia, sino que sean humanamente sostenibles a largo plazo.