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Más allá de los 10.000 pasos: la ciencia evolutiva cuestiona el mito del ejercicio cuantificado

El paleoantropólogo de Harvard, Daniel Lieberman, desmitifica el objetivo de los 10.000 pasos diarios, señalando que el movimiento constante es una necesidad biológica más que una meta numérica impuesta por el marketing.
Caminar es imprescindible pero no existe un número concreto de pasos recomendado.

La meta de caminar 10.000 pasos al día se ha consolidado en el imaginario colectivo como el estándar de oro para una vida saludable. Impulsada por la ubicuidad de los dispositivos portátiles y aplicaciones de bienestar, esta cifra es aceptada a menudo sin cuestionamientos. No obstante, Daniel Lieberman, profesor de la Universidad de Harvard y autor especializado en paleoantropología, sostiene que este objetivo carece de un fundamento científico riguroso y responde más a imperativos comerciales que a realidades biológicas.

Un origen publicitario

Según Lieberman, la cifra de los 10.000 pasos surgió en Japón durante la década de 1960 como parte de una estrategia publicitaria para comercializar un podómetro. Si bien el experto reconoce que alcanzar ese número es un hábito saludable para gran parte de la población, subraya que no existe una cifra mágica universal que garantice el bienestar físico. La evolución humana, explica, no diseñó nuestro cuerpo para el ejercicio estructurado bajo cronómetro, sino para una actividad física moderada y constante a lo largo de la jornada.

La fisiología del movimiento

Desde una perspectiva evolutiva, nuestros ancestros no planificaban sesiones de entrenamiento. La supervivencia dependía de caminar largas distancias, recolectar recursos y transportar cargas, un patrón de movimiento continuo que moldeó nuestra fisiología actual. Lieberman destaca que caminar representa la forma más fundamental de actividad física moderada, contribuyendo históricamente al desarrollo de nuestras capacidades metabólicas.

Investigaciones recientes sugieren que los beneficios cardiovasculares y la reducción de la mortalidad tienden a estabilizarse al alcanzar entre 7.000 y 8.000 pasos diarios. Aunque superar la barrera de los 10.000 puede aportar ventajas adicionales, no se considera una condición indispensable para la mejora de la salud. El desafío contemporáneo, señala el académico, reside más en combatir el sedentarismo que en la obsesión por el recuento exacto de pasos.

Hacia una salud sin culpas

El enfoque de Lieberman invita a los individuos a alejarse de la presión psicológica y la culpa vinculadas al incumplimiento de metas numéricas estrictas. El cuerpo humano está diseñado para moverse de manera regular, no necesariamente para someterse a regímenes extenuantes de forma intermitente. Reducir el tiempo de inactividad, cambiar de postura frecuentemente y mantener un ritmo de caminata habitual son estrategias más sostenibles y eficaces para la preservación de la salud a largo plazo.

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