La 76ª edición del Festival de Cine de Berlín concluye este sábado tras diez jornadas donde la cinematografía se vio, en repetidas ocasiones, desplazada por el debate sobre el rol político del arte. Lo que inició como una celebración de las 22 películas en competencia derivó en una serie de confrontaciones ideológicas que pusieron a prueba la neutralidad de uno de los eventos culturales más relevantes de Europa.
La controversia se originó en la apertura del festival, cuando el presidente del jurado, el cineasta Wim Wenders, fue consultado sobre la postura del gobierno alemán frente al conflicto en Oriente Próximo. Al afirmar que el festival no debía transformarse en un terreno puramente político, Wenders desató una ola de críticas. Aunque el director de 80 años sostuvo que el cine posee la capacidad de cambiar la percepción del mundo más allá de la militancia partidista, sus palabras fueron recibidas con indignación por diversos sectores de la industria.
Disidencia y boicot en la industria
La respuesta internacional no se hizo esperar. La escritora Arundhati Roy canceló su participación en el evento, mientras que una coalición de figuras de alto perfil, entre ellos Javier Bardem y Tilda Swinton, suscribió una carta abierta. El documento, redactado por el colectivo Film Workers for Palestine, acusó a la Berlinale de ejercer una supuesta censura sobre las voces críticas a la situación en Gaza. Ante estas acusaciones, la directora del festival, Tricia Tuttle, defendió la integridad de la organización y lamentó que las tensiones geopolíticas estuvieran opacando la discusión estrictamente cinematográfica.
En el plano artístico, la competencia oficial destacó por obras de gran calado social. Anthony Chen presentó We Are All Strangers, un drama familiar que disecciona las desigualdades sociales en Singapur. Por su parte, la actriz alemana Sandra Hüller recibió elogios de la crítica por su interpretación en Rose, un filme dirigido por Markus Schleinzer que aborda las restricciones del patriarcado en la Alemania del siglo XVII bajo una estética de blanco y negro.
El cine como refugio de la memoria
La fragilidad humana también ocupó un lugar central con el estreno de Queen at Sea, del estadounidense Lance Hammer. Protagonizada por Juliette Binoche, la cinta ofrece un retrato sensible sobre el impacto del Alzheimer en el núcleo familiar, logrando una conexión profunda con la audiencia y la crítica especializada.
Finalmente, el festival reafirmó su vocación como plataforma para el cine de resistencia. Cineastas iraníes aprovecharon el escaparate berlinés para denunciar la represión estatal en su país. Mahnaz Mohammadi presentó un crudo relato sobre las prisiones en Teherán, mientras que el reconocido director disidente Jafar Panahi envió un mensaje de denuncia contra la violencia institucional, recordándonos que, para muchos realizadores, el acto de filmar es, en sí mismo, un acto de supervivencia política.