La industria del cine de animación en América Latina atraviesa un punto de inflexión con el lanzamiento en plataformas digitales de “Soy Frankelda”. Esta producción, dirigida por los hermanos Arturo y Roy Ambriz, se erige como el primer largometraje de su tipo realizado íntegramente bajo la técnica de stop-motion, un proceso que demanda una precisión artesanal y una inversión de tiempo considerable en una era dominada por la animación digital.
El proyecto, gestado bajo el sello del estudio Cinema Fantasma, ha captado la atención global tras confirmarse su incorporación al catálogo de Netflix. Este movimiento estratégico no solo busca ampliar su alcance geográfico, sino consolidar la reputación de la animación regional en mercados tradicionalmente liderados por grandes estudios internacionales.
Una arquitectura de miniatura y detalle
La realización de “Soy Frankelda” representó un desafío técnico de proporciones mayores. Durante un periodo de tres años de trabajo continuo, un equipo especializado se dedicó a la construcción de 140 marionetas y la creación de 50 escenarios detallados. Cada cuadro fue compuesto de manera manual, logrando una estética de fantasía gótica que permite al espectador sumergirse en una atmósfera narrativa única y sofisticada.
La visión artística de los realizadores contó con el respaldo de Guillermo del Toro, quien fungió como mentor del proyecto. Del Toro ha calificado la obra como un hito para la industria, destacando la capacidad de los creadores para integrar elementos del folclore con temas universales desde una ejecución técnica impecable.
Desempeño comercial y reconocimiento internacional
Más allá de sus méritos estéticos, la cinta ha demostrado una notable solidez en términos de recepción. En su paso por las salas, logró convocar a más de 820.000 espectadores, superando en recaudación a diversas producciones extranjeras del género. Este éxito comercial se ha visto complementado por una trayectoria destacada en el circuito de festivales de prestigio.
La película formó parte de la selección oficial en el Festival de Cine de Animación de Annecy, en Francia, considerado el certamen más importante del mundo en su categoría. Asimismo, obtuvo nominaciones en los Premios Annie —conocidos como los premios de la Academia para la animación—, compitiendo en el rubro de Mejor Largometraje Independiente.
El ascenso de producciones con este nivel de complejidad técnica sugiere un cambio de paradigma en la cinematografía regional. La capacidad de competir en plataformas globales y certámenes de élite reafirma el potencial del talento latinoamericano para exportar historias sofisticadas y visualmente disruptivas a una audiencia internacional.