El director brasileño Kleber Mendonça Filho se ha consolidado como la figura central de la actual temporada de premios cinematográficos gracias a su más reciente largometraje, ‘El agente secreto’. La cinta no solo le otorgó el reconocimiento a la mejor dirección en el Festival de Cannes, sino que ha proyectado a su protagonista, Wagner Moura, como uno de los intérpretes más destacados del año, logrando distinciones en los Globos de Oro y posicionándose como una de las contendientes más sólidas para los próximos premios Oscar, donde cuenta con cuatro nominaciones.
La trama se desarrolla en el Brasil de 1977, en pleno auge de la dictadura militar y bajo la atmósfera eufórica de los carnavales. En este escenario de contrastes, Marcelo, un profesor universitario interpretado por Moura, intenta reconstruir su vida y reencontrarse con su hijo tras la pérdida de su esposa. Sin embargo, su huida se ve truncada por la persecución de sicarios, en un relato que trasciende la premisa del suspenso para adentrarse en las complejidades de una sociedad fracturada.
Una narrativa de capas y texturas
Mendonça Filho ha construido una obra que evita las etiquetas simplistas. ‘El agente secreto’ es una pieza laberíntica que amalgama géneros con precisión quirúrgica, permitiendo que el clima político y social de la época permee cada escena. Según el director, el proyecto nació de la voluntad de colaborar con Moura y del desafío de plasmar sus memorias personales de la década de los setenta, un ejercicio que ya había explorado en su documental previo, ‘Retratos fantasma’.
La trayectoria del cineasta se ha caracterizado por un compromiso político ineludible. Desde su ópera prima, ‘Doña Clara’ (Aquarius), donde Sônia Braga encarnaba la resistencia contra el acoso inmobiliario, hasta la alegórica ‘Bacurau’, su cine explora sistemáticamente la lucha de los ciudadanos frente a las estructuras de poder. En esta ocasión, el director busca trazar un paralelismo entre el autoritarismo de los años setenta y los recientes periodos de inestabilidad democrática en Brasil.
El alejamiento del cliché histórico
Uno de los aspectos más notables de la película es su rechazo a las representaciones convencionales de la represión estatal. En lugar de recurrir a escenas explícitas de tortura, Mendonça Filho opta por la sugerencia y la denuncia de la corrupción institucional a través de lo cotidiano. Este enfoque se complementa con elementos del cine de género, incluyendo fragmentos que rozan el terror, los cuales el director utiliza para representar la violencia sistémica en los espacios urbanos.
El filme también sirve como un homenaje al cine mismo, con referencias que van desde Steven Spielberg hasta el trabajo del icónico actor Udo Kier, quien realizó en esta cinta su última interpretación antes de fallecer. La presencia de Kier aporta una atmósfera de extrañeza y sofisticación que define la estética del director, quien describe la participación del actor como un privilegio histórico.
Actualmente, la industria cinematográfica brasileña atraviesa un proceso de revitalización. Tras años de restricciones en la libertad de expresión, cineastas de diversas generaciones están recuperando el espacio internacional, reafirmando que el cine no es solo un producto de consumo, sino una herramienta fundamental para la memoria colectiva y la recuperación de la identidad democrática.