El Festival de Cine de Sundance, considerado la principal vitrina mundial para el cine independiente, ha confirmado su traslado a una nueva sede permanente en Boulder, Colorado. La decisión marca el fin de un ciclo de más de 40 años en Park City, Utah, una ubicación que se volvió sinónimo del certamen pero que, según los organizadores, ha dejado de ser viable para las ambiciones y la escala actual del evento.
La razón oficial detrás de este cambio histórico es de carácter económico. El director del festival, Eugene Hernández, señaló que producir un evento de este calibre en las montañas de Utah se ha vuelto excesivamente costoso. La finalización del contrato de diez años con Park City brindó a la junta directiva la oportunidad de buscar alternativas que ofrecieran un mayor alcance y mejores condiciones logísticas. Utah dejará de percibir un impacto económico estimado en 162,4 millones de dólares que los visitantes inyectaban anualmente durante la realización del festival.
Un conflicto de intereses entre el cine y el esquí
A pesar de la nostalgia que genera el abandono de la icónica Main Street de Park City, la relación entre el festival y la ciudad había mostrado signos de agotamiento. Analistas de la industria sugieren que el crecimiento de Park City como un destino de esquí de lujo entró en colisión con la naturaleza del festival. Mientras que Sundance buscaba alojamiento accesible para cineastas y voluntarios, la ciudad experimentó un aumento desmedido en los precios de la vivienda, exacerbado por la llegada de corporaciones de hospitalidad que priorizan el turismo de nieve por encima del cultural.
El festival requiere anualmente alojamiento para cerca de 1.000 voluntarios y empleados, un beneficio que solía ser ofrecido de forma gratuita por residentes locales en las primeras ediciones, pero que hoy representa un gasto de millones de dólares. Además, la asistencia en la última edición fue significativamente menor a los niveles prepandemia, lo que encendió las alarmas sobre la necesidad de rejuvenecer el público y buscar entornos más integrados a la vida urbana y académica.
El factor político y social
Aunque los directivos del festival han mantenido una postura diplomática, el clima político en Utah también ha sido señalado como un factor influyente. En los últimos años, el estado ha aprobado leyes restrictivas hacia la comunidad LGBTQ+, un sector que históricamente ha encontrado en Sundance un espacio de representación y apoyo. Observadores de la industria sugieren que la legislación conservadora reciente en Utah generó una incomodidad creciente entre el personal y los asistentes habituales, contrastando con el perfil más progresista de Boulder.
Colorado logró atraer al certamen con un paquete de incentivos y deducciones fiscales más competitivo, además de la promesa de una ciudad transitable y con una infraestructura cultural preexistente. Boulder, con una población estudiantil de más de 38.000 jóvenes, ofrece el potencial de crear una nueva base de seguidores para el cine independiente en un entorno que busca equilibrar el encanto de montaña con la accesibilidad de una ciudad universitaria.
El futuro en las Rocallosas
El traslado definitivo se concretará para la edición de enero de 2027. Los planes iniciales incluyen la transformación de salas de conciertos y cines existentes en sedes de estreno mundial equipadas con tecnología de punta. La mudanza es vista por algunos como una traición al legado de su fundador, Robert Redford, mientras que para otros es una estrategia de supervivencia necesaria para evitar la irrelevancia en un mercado cultural cada vez más exigente.
La transición hacia Colorado será, sin duda, un experimento de reinvención. El festival deberá demostrar que puede trasladar la "magia" de Park City a un nuevo escenario sin perder su esencia. Mientras tanto, Utah se prepara para un futuro sin el evento que la puso en el mapa del cine mundial, enfrentando el reto de llenar el vacío cultural y económico que deja la partida de Sundance.